Amigos quadtreros les envío un relato sobre La Travesía de ATV o quad (como ustedes les llaman) para compartir nuestra experiencia con ustedes en esta web que también es la nuestra.
El comienzo de esta breve historia de acción y emoción se desarrolla en Pinamar, Provincia de Buenos Aires, Argentina con rumbo a una extensa superficie que combina mágicamente al conocido Desierto del Sahara con enormes bosques y Pinares. En realidad no es un espejismo, sino la imagen de imponentes medanos, algunos de ellos vírgenes, por donde circulan por doquier los famosos cuatriciclos ó ATV's, alternando con estrechos senderos en la vegetación. El ruido que provocan en determinados momentos (las trepadas) los motores, indican que son sometidos a exigencias en la arena.
En estas travesías los pilotos jóvenes y no tanto, que depositan en sus acrobacias todo su entusiasmo, se ve reflejado en la felicidad de sus rostros lo bien que se sienten de participar de estos eventos.
Todos estos vehículos tienen un común denominador, como es, esa corriente pasional del piloto por el vértigo y la aventura en familia. Brindando, además, la posibilidad de sentirse protagonista de una expedición inolvidable, como esas que se ven en los avisos publicitarios por TV.
El show comienza el día anterior bajo la carpa de inscripción rodeado de recurrentes amigos amantes de la aventura ente las dunas y los senderos. Al día siguiente y luego del estallido de algunas bombas de estruendo, se inicia ya la partida primero internándonos al bosque para luego recorrer las inmensas dunas y las playas a orillas del majestuoso e imponente Océano Atlántico, avanzando de lleno en la soledad en medio de curvas y contra curvas, subidas y bajadas
La batalla se libra poco a poco en medio del silencio y la soledad de la zona, a medida que se gana altura en los médanos –algunos superan los 50 metros- , el paisaje se hace cada vez más espectacular y como estamos en invierno, el frió desalienta todo intento de abandono por tomar un respiro y bajar la adrenalina. No hay temor, pero si tensión. A campo travieso hay que sortear pozos, barro y porque no charcos de agua, los que no dejan de ser seductores a la hora de sortearlos.
Naturalmente que el tipo de manejo sobre los poderosos Quads no es el convencional ya que el piloto mantiene los ojos bien abiertos –bajo toda la protección del casco y las antiparras- mientras acaricia el acelerador.
El vértigo esta en el orden del día. Deambular por aquí da la sensación de infinita soledad y lejanía, de estar muy distante del confort. Tanto jóvenes como adultos, convertidos en pilotos aguerridos, por así decirlo, trepan sin cesar hasta llegar a la cima para luego, al descender, dibujando piruetas como un eximio acróbata.
La suerte queda depositada en la envidiable habilidad de los guías comandados por Julio Quagliarella, experto en esta actividad, ya que la marcha cada vez amerita mayor habilidad y destreza a sus pilotos.
La travesía cuenta con el valioso aditamento de acceder, durante horas, a lugares a los que es prácticamente imposible llegar por otros medios convencionales.
Luego de un merecido almuerzo, dentro del parador, en medio de un oasis, emprendemos el regreso a las playas y balnearios de la ciudad.
Evidenciamos en las fotos, la alegría en los rostros de todos los protagonistas y el recuerdo de una experiencia inolvidable. Ya sobre el final de la tarde y de regreso al centro, se realizaron sobre la costa, algunas pruebas de destreza a modo de sana competencia rodeados del público presente, alentando a sus favoritos. Varios premios entregados sumaron más sonrisas a los participantes y luego de un fuerte apretón de manos nos despedimos hasta el próximo evento contentos por los elogios sobre la impecable organización.
